PROTEGIDOS CONTRA LA VERDAD
Una vez desenraizados de su origen, quienes eligieron la apariencia, eligen arrogantemente la complicidad con otros, que prefieren también ignorar sus orígenes, para así protegerse de la verdad, que pondría en evidencia su falsedad.
Quienes así actúan, pretenden ignorar cómo su corazón se va hundiendo en el pantano de la desesperanza.
Un pantano que es negado con el recurso del victimismo, la inconsciencia y la irreflexión, en el ritual de la evasión.
Desenraizados por la avidez y el miedo, esos troncos secos, se han convertido en cariátides pétreas, que sostienen sobre sus encorvados hombros, el peso de una desmesurada imaginación evasiva, con la que se pretende emular la vida que ha sido destruida.
En la matriz de esta desolación se ha engendrado la Mente de Rechazo, que ensucia toda pureza, y sobre la cual ha germinado el artificio y la impostación, que catapultan esas emociones necias, que agitan y enceguecen la conciencia.
Mientras, en la lejanía, más allá de los sueños, se oye el sonido de fondo de un lamento. Al ser un lamento emitido por la agonía de tantos corazones, aquellos que lo temen, requieren de una gran sordina conceptual, capaz de enmudecerlo.
Esta sordina conceptual, ha sido hábilmente elaborada por los habitantes de ese pantano de mediocridad. Un pantano en donde atrapan a sus presas, para devorarles su esencia.
Esta sordina tiene el poder de deformar el lamento de esa aflicción interna, que sufren quienes añoran su hogar, transformándolo en deseo, e impidiendo que su llamada sea socorrida por la conciencia indagativa.
No obstante, aún se puede observar, en el horizonte, a quienes no se han dejado seducir por la estupidez y han sabido reivindicar sus propias raíces, manteniéndose fieles a sus orígenes.
Sus ojos adoran fervientemente a la cálida luminosidad viril del Sol (cuyo fuego sabe paternizar a sus hijos) y sus raíces se hunden gozosamente en la feminidad amorosa de la Madre Tierra, fiel a sus retoños.
Desde una posición de dignidad, los valerosos, ignoran las fantasiosas conceptualizaciones, con que se alimentan los temerosos.
Aquellos conocen secretos que jamás podrán expresar.
Extraído del libro
La Bifurcación
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