Pero, «el reino de Dios no vendrá con advertencia... porque he aquí el reino de Dios [el señorío o autoridad de Dios) está entre vosotros (Lc 17:20-21).
El reino de David era un reino de este mundo, pero el reino de Dios, el señorío o autoridad de Dios, «no es de este mundo» (Jn 18:36).
El reino de David se podía ver desde los países colindantes y entrar en él cruzando sus fronteras, pero «el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios [el señorío o autoridad de Dios)... el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios [el señorío o autoridad de Dios)» (Jn 3:3-5).
Todo esto me demuestra que es completamente incorrecta la teoría dispensacionalista de que Cristo vino a restablecer el antiguo reino davídico en Su primera venida, y de ese modo traer el «buen gobierno» al mundo. Es igualmente erróneo creer que Él vendrá por segunda vez a gobernar con una vara de hierro «literal>» y a reformar la sociedad imponiendo altos estándares morales y éticos. Nuestro Señor dijo en Marcos 10:43 que el gobierno que se impone por fuerza no es el camino de Dios, sino el camino del hombre para gobernar. Dios obra silenciosamente en los corazones de Su pueblo por medio de Su Espíritu Santo, atrayéndolos a Su reino con cuerdas de amor, haciendo que estén dispuestos a inclinarse a Sus pies en humilde confesión y arrepentimiento, y poniendo Su yugo sobre ellos como un acto de fe y obediencia. ¿Por qué? Porque son Sus ovejas, a las que conoce y llama por su nombre.
Al ser también un reino espiritual, el Rey que lo gobierna se sienta en un trono que es «por el siglo del siglo», y tiene un «cetro de equidad» (He 1:8); está coronado de gloria y de honra (He 2:9); es el «Rey de los siglos, inmortal, invisible, [el] único y sabio Dios» y a Él pertenece el «honor y gloria por los siglos de los siglos» (1Ti 1:17); es un sumo sacerdote «según el orden de Melquisedec... Rey de justicia... Rey de paz» (He 6:20, 7:2). Además, es «Señor de señores y Rey de reyes» (Ap 17:14).
Una vez más, las Escrituras describen a Cristo como «el León de la tribu de Judá, la raíz de David» (Ap 5:5), que ha elegido y sigue llamando a «reyes y sacerdotes» (1P 2:9; Ap 1:6; 5:10) para «que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1P 2:9). Este pueblo, la iglesia, el verdadero Israel de Dios, ha sido «trasladado al reino de su amado Hijo» (Col 1:13) y, según Romanos 5:17, reina en esta vida con El. ¿Cómo? Por Su poder que les ha sido dado. Reinan sobre el pecado, el mundo, sus circunstancias, el dolor, la adversidad, la tragedia y hasta la misma muerte. Son <

Teología Bíblica 📖✝
7 abr 2026, 16:18
El día postrero (Jn 6:39, 40, 44, 54)
El día del Señor (Hch 2:20; 1Ts 5:2; 2P 3:10)
El día del Señor Jesús (1Co 5:5; 2Co 1:14)
El día del Señor Jesucristo (1Co 1:8)
El día de Jesucristo (Fil 1:6)
El día de Cristo (Fil 1:10; 2:16; 2Ts 2:2)
El día de Dios (2P 3:12; Ap 16:14)
Aquel día (Mt 7:22; 24:36; 26:29; Lc 10:12; 2Ts 1:10; 2Ti 1:12, 18)
En el día (Ro 2:16)
Su día (Lc 17:24)
La revelación de Cristo (2Ts 1:7)
La aparición de Cristo (1Ti 6:14; 1P 1:7)
La venida de Cristo (1Co 15:23; 1Ts 2:19; Stgo 5:7)
Esa hora (Mt 24:36, 42; 25:13; Mr 13:32)
Una hora (Lc 12:40, 46)
La hora (Jn 5:28)
Qué hora (Ap 3:3)
Más aún, el reino de Dios no es un reino físico, terrenal y político que se establecerá en una fecha incierta en un pequeño país del Cercano Oriente. No, es un reino presente, eterno, universal, inamovible y espiritual. En su contexto apropiado, la palabra griega traducida como «reino» en el Nuevo Testamento no significa un reino físico con una ubicación específica y limitada; significa el gobierno, reinado o autoridad de Dios en los corazones y las vidas de Su pueblo, Su iglesia, el verdadero Israel de Dios.
Reiterando nuevamente lo que dijimos antes: 1 Corintios 15:45 y 46 enseña que Dios siempre ha obrado según el principio de que «lo espiritual no es primero, sino lo animal». En cuanto al reino de David y su simiente, el mejor David, esto se aplica. El reino de David, el rey de Israel, era un reino físico; el reino de Dios, manifestado por Cristo, el mejor David, es un reino espiritual. Es el Señorío de Cristo en los corazones de Su pueblo; es Su autoridad que guía y dirige sus vidas. Cuando leemos las palabras «el reino de Dios», deberíamos leerlas como «la autoridad de Dios» o «el señorío de Dios».
Ilustrémoslo de nuevo con una comparación. El reino de David era un reino de cosas físicas como comida y bebida, pero el reino de Dios, el señorío o autoridad de Dios, no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Ro 14:17). El reino de David era un reino visible; se podía ver y observar.

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7 abr 2026, 16:18
Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujető debajo de sus pies» (1Co 15:24-27).
Esto concuerda con todo lo que hemos venido hablando, pues se nos dice aquí que nuestro bendito Señor sí recibió un reino cuando regresó a la gloria. Él sí ha estado gobernando desde el cielo, sentado en el trono espiritual de David y todavía gobierna. ¡Alabado sea Su nombre! Dios Padre le dio este reino y El reinará hasta que todas las cosas sean puestas bajo Sus pies, incluso la muerte (Ef 1:22, 1Co 15:26).
Es importante notar que en estos versículos no se habla de un período de tiempo (ni siete años, ni mil años) entre 1Corintios 15:23 y 24. En el versículo 23 se habla de Cristo como las primicias de la resurrección. Esto ocurrió cuando se levantó de entre los muertos y regresó a la gloria para recibir Su reino, para sentarse en Su trono y enviar el regalo de amor de Su Espíritu a Su iglesia. Esta es Su recompensa por haber pagado la deuda por el pecado en su totalidad, para equipar a Su iglesia para su obra en el mundo, y para llenar a Su pueblo con Su Espíritu, como evidencia interna de su salvación. Se afirma además en ese versículo 23: «Luego los que son de Cristo, en su venida». Aquí tenemos Su segunda venida, esa bendita esperanza del verdadero Israel de Dios, Su iglesia, cuando vendrá por ellos y estaremos siempre con el Señor» (1Ts 4:17). Observa el versículo 24: «Luego el fin». No se menciona ningún período de tiempo entre la Segunda Venida de nuestro Señor y el final de esta era cuando Él entregará el reino al Padre. ¿Por qué? Porque no hay ninguno, y el resto del Nuevo Testamento también lo corrobora (Hch 3:19-21, Jn 5:28, 29).
La palabra griega denota aquí una secuencia de tiempo: «luego», enseguida. En el siguiente orden de eventos se encuentra el final de esta era, cuando la obra de Cristo como Mediador llegará a su fin y Él entregará el reino al Padre. Hechos 3:19-21: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba [detenga, retenga) hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas [hasta la recuperación final de todas las cosas del pecado, lo cual requiere Su oficio de Mediador], de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo».
Si estudias cuidadosamente los siguientes textos, notarás que todos se refieren a la misma Persona y al mismo evento, la Segunda Venida de Cristo; y todos ellos están asociados con la resurrección y el fin de todas las cosas, pues ciertamente no puede haber nada más allá del último día y la última hora: