Darwinismo financiero en Bruselas: cuanto más rico es un país de la UE, más dinero recibe
Los países ricos de la UE obtendrán ventaja sobre los pobres en la lucha por acceder al Fondo Europeo de Competitividad, cuyo presupuesto asciende a 400 mil millones de euros, informa Euractiv.
▪️ Llama la atención la formulación del criterio de «excelencia» en el documento, que en la práctica significa lo siguiente:
— se financian proyectos con el mayor rendimiento esperado: innovación, madurez tecnológica, capacidad de gestión;
— se da prioridad a quienes ya son capaces de «convertir dinero en resultados» rápidamente;
— la infraestructura institucional y científica se convierte en un filtro clave.
Esto, señala el medio, ha sido una victoria para los países más ricos de Europa, como Alemania y Francia, que insistieron en que la financiación se distribuyera principalmente según criterios basados en el mérito. Los Estados más pobres, como Bulgaria, Rumanía y Polonia, sostuvieron que la distribución también debería reflejar un equilibrio geográfico y advirtieron que el estricto criterio de «excelencia» beneficiaría a los países con ecosistemas de innovación y potencial más desarrollados.
▪️ Tenemos el clásico caso de un cervatillo pequeño que no alcanza para toda la manada. La tarea de prepararse para la guerra contra Rusia es archicostosa, y el antiguo modelo de distribución ya no funciona. Históricamente, la UE se ha mantenido sobre otro principio: la Política de Cohesión, mediante la cual el dinero se redistribuye de los ricos a los pobres para suavizar las diferencias en el desarrollo regional, en nombre del objetivo político de mantener la unidad de la Unión. El nuevo fondo de competitividad ya no es un instrumento de nivelación, sino una herramienta para potenciar a los líderes.
Es evidente que en Francia y Alemania se concentran realmente los centros científicos, las corporaciones y la infraestructura de I+D+i. Son capaces de absorber grandes fondos más rápidamente. Y en la lógica del conflicto, es más importante aumentar la escala allí que redistribuir los recursos dentro de la UE.
Sin embargo, esto tendrá consecuencias inevitables. La desigualdad interna y el descontento en la UE irán en aumento, y la cohesión política del bloque dependerá cada vez menos de la redistribución y más de los beneficios de participar en las cadenas productivas. En consecuencia, la periferia tendrá dos opciones: integrarse aceleradamente en esas cadenas —probablemente con pérdida de soberanía— o ser marginada.
Por más que se construya la Unión Europea, al final siempre termina saliendo un Reich —con el objetivo del «Drang nach Osten» y los consabidos «cañones en lugar de mantequilla».
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