Declaración de la revista de la izquierda antibelicista rusa https://www.posle.media/article/chetvyortaya-godovshchina-voyny-zayavlenie-posle en el cuarto aniversario de la invasión
El cuarto aniversario de la guerra a gran escala está marcado por los ataques rusos más masivos y destructivos contra ciudades ucranianas en todo el tiempo que duran las hostilidades. Más de 1,2 millones de hogares se han quedado sin calefacción ni electricidad en las frías condiciones invernales, y cientos de miles de personas se han visto obligadas a sobrevivir en condiciones inhumanas. Los ataques de respuesta por parte de Ucrania también han provocado cortes de electricidad y calefacción en Bélgorod. Las bajas del ejército ruso en la línea del frente, que avanza a un ritmo de unos 15 metros al día, también están siendo las más masivas. Según los cálculos de Mediazona, desde el 24 de febrero de 2022 han muerto al menos 200 186 soldados rusos, y estos son solo aquellos cuyos nombres se han establecido con certeza; su número real es mucho mayor. También es evidente que unas bajas aún mayores no detendrán el empeño del régimen de Putin de continuar la guerra.
Por un lado, hoy, tras cuatro años de transformación del putinismo en una dictadura totalitaria, la guerra se ha convertido en su único modo de existencia posible: justifica la concentración de poder, la represión y consolida a la élite en torno al dictador. Sin embargo, es aún más importante que las autoridades, al parecer, simplemente carecen de una visión clara de cómo puede ser el país tras el fin de las hostilidades y el regreso a casa de miles de soldados contratados traumatizados y sin miedo, a los que ya no se les podrán garantizar los elevados pagos y el estatus social de antes. Se trata de un reto al que las autoridades temen enfrentarse no menos que a una derrota militar.
Por otro lado, la división entre la UE y EEUU, así como la disposición de la administración de Trump a alcanzar un acuerdo bilateral, según se cree en el Kremlin, abren la posibilidad de lograr los “objetivos de la operación militar especial”. En febrero de 2022, cuando las tropas rusas iniciaron la invasión, la reacción de todo el mundo fue inequívoca: se trataba de una guerra de agresión que no podía justificarse de ninguna manera, y del lado de una Ucrania que resistía no solo estaba el derecho internacional, sino también las nociones básicas de moralidad y justicia, tal y como, al parecer, las había asimilado la humanidad tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, cuatro años de derramamiento de sangre no solo se han cobrado la vida de cientos de miles de personas, sino que también han producido un cambio moral. Las negociaciones iniciadas por la administración de Trump se basan en la percepción de la guerra como algo “sin sentido” para ambas partes, una guerra que no debe terminar con el restablecimiento de los principios del derecho internacional, sino sencillamente con la consolidación de una nueva correlación de fuerzas. En esta lógica no hay víctima ni agresor, no hay razón ni culpable: solo hay una parte más fuerte y otra más débil, y alcanzar un equilibrio entre ambas exige concesiones por parte de esta última.
Este cambio moral, que se está apoderando poco a poco de la opinión pública mundial, es quizás el principal logro de Putin a día de hoy. Si esta postura se consolida definitivamente, sin duda abrirá el camino a nuevas guerras, aún más destructivas, basadas en la revisión de las fronteras de los pequeños Estados y en la recuperación del control de las grandes potencias sobre sus antiguas colonias. Es por ello que un movimiento verdaderamente pacifista debe hoy situarse de forma coherente, inequívoca y sin reservas del lado de las víctimas de la agresión. Hoy no se trata solo de defender el derecho de Ucrania a la independencia: es la única forma de evitar que el mundo caiga en el abismo de los conflictos militares.